diumenge, d’octubre 29, 2006

CITAS PARA TODA LA SEMANA. Cap1

CITAS PARA TODA LA SEMANA . Cap1 (20.9.06)

Disclaimer: Card Captor Sakura pertenece a Clamp. Es mío el argumento de esta historia.

Día 1: En lo alto de la torre

Lunes 16 de junio

9h30- Casa Kinomoto

El desayuno esa mañana fue preparado por Sakura y por Tomoyo, que había sido invitada por su mejor amiga para que le diera detalles sobre la razón por la que Touya parecía tan molesto desde el día anterior. Sakura sabía que su hermano no tenía el mejor carácter del mundo, pero si, al entrar en casa y preguntarle qué le ocurría, obtenía sólo un gruñido y un murmullo que se parecía a “Pregúntale a Tomoyo”, la joven maga prefirió hacer lo que su hermano le parecía haber gruñido e interrogar a su amiga.

Una vez sentadas, por la puerta de la cocina apareció el señor Kinomoto, con su maletín el mano, esbozando como siempre una afable sonrisa.

“Buenos días...”, dijo Fujitaka. “Oh, Tomoyo... No sabía que ibas a venir...”

“Yo tampoco lo sabía, señor Kinomoto... Sakura quiso darme una sorpresa de buena mañana...”, espetó Tomoyo, sin evitar la ironía en su voz.

“¿Y ya te la ha dado?”, preguntó divertido.

Sakura, que había intentado ignorar los comentarios, cogió la jarra de zumo, y mientras llenaba su vaso, dijo, dirigiéndose a su padre:

“Lo cierto, papá, es que debería ser Tomoyo quien me diera la sorpresa.”

“¿Y eso por qué?”, preguntó su padre muy interesado, ladeando la cabeza hacia Tomoyo, invitándola a que contestara.

Tomoyo, sin embargo, no iba a ceder ante las insinuaciones de los dos Kinomoto. Intentó ingnorarlos, pero sabía que ambos podían llegar a ser muy... ¿cómo podría decirlo? Sakura y Fujitaka Kinomoto eran unos sonsacadores natos... así que sabía perfectamente que pronto conseguirían que Tomoyo soltara todo lo que querían que soltara.

La joven se volcó en su desayuno, sintiendo las miradas de padre e hija sobre ella.

“Venga, Tomoyo...”, le suplicó Fujitaka. “Tengo que marcharme en media hora y no me gustaría irme sin enterarme de las últimas noticias...”

“Venga Tomoyo...”, le suplicó Sakura. “Mi padre tiene que marcharse en media hora y no le gustaría irse sin enterarse de las últimas noticias...”

“¡Oh, basta ya! Sois un par de manipuladores de primera...”

“Lo somos”, dijeron a la vez.

“¡Oh, por Dios, está bien! Anoche le pedí una cita a Touya, ¿vale?”

Sakura se agarró las manos y soltó un suspiro de satisfacción. El señor Kinomoto, no obstante, que estaba bebiéndose su café, se atragantó con la bebida.

“¿Touya?”, preguntó muy sorprendido. Arrugando su entrecejo mientras dejaba la taza sobre la mesa, se dirigió a Tomoyo. “Tomoyo... no sabía que tú...”, la señalaba con ambas manos, “...que tú... bueno... que estabas interesada en... Touya... ¿Touya, Tomoyo?”

Encogiéndose de hombros, Tomoyo le dijo:

“¿Eso le molesta, señor Kinomoto?”, preguntó temerosa. “Porque si le parece incorrecto...”

“Oh, no... Tomoyo, no quería... en ningún momento quise hacerte pensar que me opongo a una relación entre tú y Touya... porque la verdad es que me parece una idea estupenda...”, terminó sonriendo, contagiando a Sakura, y provocando que la cara de Tomoyo se iluminara de alegría.

“¿De veras?”, preguntó incrédula.

“Claro que sí...”, le contestó Fujitaka.

“Oh, Tomoyo...” la voz de Sakura hizo que su padre y su amiga la miraran. “¡Seremos hermanas!”

“Te está precipitando, hija”

“Claro que no...”

“Como tú digas... pero yo me tengo que ir.” Fujitaka se levantó de la mesa y llevó su taza usada al lavaplatos, “Hay un montón de jóvenes estudiantes que esperan ansiosos que les ponga un examen sobre la civilización de los hititas...”

“Adiós, papá...”

“Adiós, señor Kinomoto...”

“Hasta luego, chicas... Nos veremos a la hora de comer, hija”

Las dos jóvenes escucharon como la puerta principal se cerraba. Ya solas, Sakura empezó a interrogarla. Después de haberle explicado detalladamente la conversación que había tenido con Touya la tarde anterior, Tomoyo preguntó por él.

“Ha madrugado mucho esta mañana... Me parece que tenía una reunión con un nuevo cliente... Lo habían invitado a desayunar... Ya sabes como son... Los hombres sólo piensan en llenar sus estómagos...”

“¿Lo dices por Shaoran?”

“A Shaoran le encanta cocinar... y comérselo todo después...” Después de unos segundos de risas, Sakura preguntó: “¿Vais a salir esta noche?”

“¿Con tu hermano? Sí, esta noche... aunque no sé dónde vamos... No me lo ha dicho.”

“¿No te lo ha dicho? Vais a salir juntos, ¿pero no sabes adónde?”, sacudiendo su cabeza contrariada, Sakura volvió a preguntar: “¿Pero que demonios...?”

“Ese fue el trato... Cada tarde uno elige nuestro destino... así podremos conocernos mejor... Touya piensa que somos muy distintos... que algo entre los dos no funcionaría...”

“Eso es una tontería... yo nunca he conocido a dos personas más testarudas...”

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10h30- Oficina Arquitectos Toukito

Malhumorado, Touya Kinomoto entró en las oficinas que compartía con su socio, Yukito Tsukishiro, después de un desayuno horrible con un posible nuevo cliente para la empresa.

La arquitectura se había convertido en su vida después de terminar el instituto. Él y Yukito habían decidido aceptar una beca que los llevó durante dos meses de verano a Italia y a Francia, donde recorrieron la geografía de ambos países y descubrieron un montón de cosas nuevas: comida, literatura, música, gente, arte... sobre todo los edificios. Uno de los cursos fue estudiar la estructura de las iglesias, los palacios y otros edificios muy representativos, lo que le llevó a enamorarse de la arquitectura. Esa pasión también la descubrió Yukito, pero mientras que Touya prefería dedicarse a la construcción, Yukito se decidió por el diseño de interiores. Los dos, al terminar sus respectivas carreras, montaron un negocio que fue creciendo poco a poco, su fama reconocida por toda Tomoeda.

Desde hacía unos meses, Touya se había dedicado, casi exclusivamente, a la construcción de unos nuevos edificios en diversas zonas periféricas de Tomoeda. Yukito, a su vez, había empezado a diseñar una nueva colección de mobiliario, además del diseño de interiores de algunos de los clientes de la empresa.

Aquella mañana, Touya había tenido que asistir a una reunión con un cliente de Tokio que tenía un pequeño terreno en Nikko, ciudad a dos horas en tren al norte de Tokio, donde quería construirse un pequeño hotel que satisficiera las necesidades de tan turística ciudad de Japón. Ese hombre parecía ser muy ambicioso, pero la suerte no le favorecía, puesto que le faltaban un par de permisos para poder edificar en esas tierras. Habían quedado para tener otra reunión en breve, pues el señor Tichigama, como se llamaba ese cliente, estaba seguro de conseguir los permisos esa misma semana, y que no había tiempo que perder.

Yukito lo saludó animadamente al entrar en la oficina de su amigo. Touya, sin embargo, tenía un humor de perros.

“¿Cómo ha ido esa reunión?”

“Muy mal”, gruñó Touya.

“Al menos habrás desayunado bien...”, le consoló Yukito. “Seguro que el señor Tichi... Tochi... el señor ‘como-sea’ te llevó a un buen restaurante...”

“La verdad es que sí... pero ese hombre me pone de los nervios... es prepotente y muy ambicioso... Seguro que haría cualquier cosa por conseguir sus objetivos.”

“Pero, por lo que veo, no es sólo ese hombre el que te tiene preocupado.”

“No... es Tomoyo la mayor de mis preocupaciones en este momento...”, confesó.

“¿Tomoyo?”

Touya asintió.

“Tomoyo... ya veo... ¿Qué ha hecho Tomoyo para afectarte de esa forma?... Además, claro está, del hecho que es una mujer maravillosa, bella, inteligente e independiente, que te tiene loco desde hace tiempo... del hecho que te pone nervioso con tan solo verla o tenerla a menos de cinco metros... y del hecho que estás enamorado de esa mujer...”, enumeró Yukito, mientras observaba el rostro de su amigo.

“Eres demasiado listo... Ni siquiera sé por qué te lo conté todo...”

“Porque soy tu amigo, Touya...”

“Supongo, entonces, que debería decirte que mi nerviosismo es porque hoy tengo una cita con la susodicha...”

La sorpresa se instaló, repentinamente, en el cuerpo de Yukito.

“¿Cita?”, preguntó anonadado. “¿Desde cuándo tienes tu ‘citas’? Nunca has salido con nadie... Por Dios, hubo un momento que llegué a pensar que eras gay... Menos mal que me lo aclaraste todo cuando me confesaste tu apasionado amor por Tomoyo...”

“¿Pensaste que era gay?”

Yukito asintió.

“No hay nada de malo en eso, Touya.”

“Lo sé... pero a mí siempre me han gustado las mujeres...”

“Una en especial... ¿no es así?”

“Estoy loco por ella desde que tengo veinte años... Descubrí lo que sentía por ella y supe que, desde ese momento, no iba a sentir nada parecido por otra persona que no fuera ella... Llevo siete años... siete... intentando ocultar mis emociones... pero creo que no he sabido hacerlo tan bien, si hasta Tomoyo se ha dado cuenta...”, suspiró. “Pero no creo poder hacerla feliz... Somos muy distintos... ella es muy joven...”

“Tonterías, Touya... El amor no tiene barreras... Me parece que Nakuru y yo somos una buena demostración de esa afirmación, ¿no crees?”

Touya rió. Sí que lo eran. Yukito y Nakuru llevaban muchos años juntos, desde el instante que la energética guardiana pisó Japón después de dos años en Inglaterra. Sus ojos se encontraron en el aeropuerto, e, incluso Touya, que estaba delante, pudo notar la fuerza que ambos cuerpos emanaban... una atracción que no se podía ignorar. Un par de horas más tarde, cuando Touya los dejó solos, por petición de la guardiana, se habían besado. Touya no sabía qué había pasado después, y tampoco le interesaban los detalles... Sin embargo, durante sus seis años de relación sentimental, sabía que, algunas mañanas, Nakuru aparecía más contenta y satisfecha de lo normal...

Porque Nakuru se había autoimpuesto la tarea de ser la secretaria personal de su Yukito. Y resultó ser un gran fichaje. Así no estaría sola en casa, aburriéndose, siempre decía ella. Había venido a Japón por su propia cuenta. Eriol estaba con Kaho en Inglaterra, disfrutando de su amor. Touya estaba feliz por la que, una vez años atrás, fue la mujer de su vida. ¡Qué engañado estaba! Con Tomoyo había descubierto lo que era estar enamorado... Kaho había sido un capricho adolescente. Tomoyo era un amor de verdad.

“El amor no tiene barreras, Yuki, tienes razón...”, afirmó Touya.

“¿Y dónde vas a ir con Tomoyo esta noche?”

“Tengo una idea muy interesante... No creo que ella haya ido antes...”

“¿Estás pensando llevarla dónde yo creo que estás pensando llevarla?”

“Si estás pensando en lo que yo estoy pensando... entonces sí...”

“¡Vaya!”

“No sé dónde iremos mañana... lo decide Tomoyo.”

“¿Mañana?”, cuestionó extrañado.

“Bueno, sí... digamos que Tomoyo puede ser una mujer muy imaginativa y convincente, también, porque no sé cómo, hizo que aceptara la proposición de salir con ella todas las noches de esta semana... Así que creo que voy a tener una semana muy ocupada...”

“Pero disfrutarás un montón... Tomoyo y tú... juntos, paseando abrazados bajo la luz de la luna...", Yukito se imaginaba la escena, describiéndosela a Touya en un tono muy romántico.

“¿Y si no funciona?”, preguntó Touya preocupado. “¿Y si, a pesar de todo, a pesar de quererlo intentar, lo nuestro no funciona?”

“No lo sabrás hasta que lo intentes... Si, por alguna razón, no sois compatibles, te quedará el recuerdo de esta semana... además, como mi sabia novia dice: ‘Es mejor haber amado y perdido que nunca haber amado’”

“¿Me consideras una mujer sabia, cariño?”, dijo la voz de Nakuru a espaldas de ambos hombres. “Siento interrumpiros, pero el señor Fukama te está esperando en el despacho, Yuki”

“Gracias, cielo...”, le contestó a la joven, y girándose a Touya, le consoló: “A veces, tener un recuerdo, por pequeño que sea, es mejor que no haber descubierto lo que podría haber sido.”

Sin decir más, Yukito abandonó el despacho de Touya, acompañado de Nakuru.

A solas, Touya decidió ponerse manos a la obra... pero primero...

Se sentó en su escritorio y cogió el teléfono. Marcó un número y esperó a que alguien contestara:

“Casa de los Daidouji, ¿con quién desea hablar?”, preguntó una de las criadas.

“Buenos días, ¿está la señorita Daidouji?”

“Un momento, por favor”

“Gracias...”

“¿Diga?”, dijo la voz de Tomoyo desde el otro lado del auricular.

“¿Tomoyo? Soy Touya... mmm... escucha, te llamaba para quedar esta noche... si es que aún está nuestra cita en pie...”

“Claro que sigue en pie... ¿a qué hora quedamos?”, preguntó muy ilusionada, como pudo notar Touya en su voz. El pensamiento hizo que a su corazón le diera un vuelco.

“¿Te parece bien a las siete?”

“Claro... ¿adónde iremos, Touya?”

“Eso es... una sorpresa, por supuesto... Sólo te diré que tenemos que ir a la estación de trenes.”

“¿Nos iremos muy lejos?”

“No... al menos hoy no”, dijo misteriosamente. No sabía cómo, pero habían empezado a surgir grandes ideas para pasar una velada de ensueño con Tomoyo.

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14h00- Casa Kinomoto

Fujitaka y Sakura estaban comiendo en el salón de su casa. La conversación entre ellos se basaba en la floreciente relación entre Touya y Tomoyo.

“Aún estoy sorprendido... Nunca me imaginé que Tomoyo podría sentirse atraída por tu hermano... Ya le conoces, no es un chico fácil de tratar.”

“Pero Tomoyo es muy decidida, siempre lo ha sido... Creo que sería la mujer perfecta para él... ¿Sabías que fue ella quién le pidió que salieran?”

“¿Fue ella?”

“Sí... Yo ya sabía que se lo iba a pedir... De hecho, me preguntó si me parecía bien... Me dijo que no lo haría a menos que yo no me opusiera... por eso te lo ha preguntado esta mañana a ti también... A Tomoyo le preocupa mucho lo que pensemos sobre una posible relación con Touya...”

“Eso significa que le importa mucho tu opinión... Tomoyo no sobrepone una posible relación sentimental a vuestra amistad... eso demuestra lo mucho que le importa tenerte como amiga...”

“Lo sé... Tomoyo y yo somos amigas desde muy pequeñas... Me honra saber que nuestra amistad es tan importante para ella... La verdad es que no sé lo que haría si a Tomoyo le ocurriera algo... No sabría vivir sin mi mejor amiga...”

“Siempre he creído que Tomoyo era una buena influencia para ti...”

“¿Una buena influencia? Tomoyo tiene las ideas más descabelladas... Le ha pedido ha Touya que salgan todas las noches de esta semana... Todas...”

Riéndose, Fujitaka preguntó:

“¿Y Touya accedió?”

“Sí... No me lo pude creer... Pensé que se resistiría un poco más...”

“Para que veas lo mucho que Touya puede resistirse al encanto de Tomoyo Daidouji...”

En ese momento, Touya entraba en la casa después de una mañana de intenso trabajo.

Su familia lo saludó, pero el joven sintió la mirada suspicaz de su padre en él. Perdiendo la paciencia, preguntó mientras se sentaba a la mesa:

“¿Por qué demonios me sonríes de esa forma?”

“He oído que tienes una cita... una cita ¿para toda la semana?”

Touya bufó irritado. Iba a ser una tarde de infierno.

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18h30

Tomoyo tocó el timbre. Estaba muy nerviosa. Había llamado a Sakura minutos antes de salir de casa para avisarla que iba a verla. Estaba muy nerviosa...

Sakura abrió la puerta y no reprimió un grito de alegría al verla, observando el conjunto que había escogido para esa noche. Tomoyo había elegido un pantalón pirata de color negro y una camiseta de manga corta de color blanco, que se ajustaba perfectamente a sus curvas. El escote no era muy pronunciado pero dejaba entrever que Tomoyo no era, sin ninguna duda, una chiquilla.

“Estoy muy nerviosa, Sakura...”

“Entiendo...”

“He quedado con tu hermano aquí en media hora... pero no podía esperar ni un minuto más... He empezado a arreglarme y me he dado cuenta que me sobraba casi una hora para venir... He intentado entretenerme con algo... pero no hacía otra cosa más que mirar el reloj... y he decidido llamarte...”

“Oye, Tomoyo... ¿qué te parece si continúas tu discurso dentro de casa?”

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18h50

Touya llegaba tarde. Necesitaba arreglarse para salir esa noche. Sólo tenía diez minutos para cambiarse de ropas antes de que Tomoyo llegara.

Su sorpresa fue cuando la vio sentada en el salón junto a su hermana.

“¿Qué... qué haces ya aquí?”

“He venido antes porque...”, empezó Tomoyo.

“Yo se lo he pedido.”, terminó Sakura “Tenía ganas de verla y hablar con ella antes de que os marcharais... Como buena hermana, tenía que darle unos consejos a Tomoyo de cómo tratarte: si la llamas monstruo, que te dé una patada en la espinilla... si la...”

“Ya... ya te entiendo... monstruo.” Dijo a su hermana, que le miraba desafiante. “Voy a cambiarme... No tardaré...” dijo esta vez dirigiéndose a Tomoyo.

El sonrojo de Tomoyo provocó las risas de su amiga.

“Estás tan colgada...”

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19h05

Touya ya se había cambiado y estaba bajando las escaleras hacia el salón para ir a buscar a Tomoyo. Las risas que provenían de las chicas eran contagiosas...

Touya se había sentido muy alegre al ver que Tomoyo no había intentado arreglarse mucho para salir con él. La belleza de Tomoyo, al fin y al cabo, estaba en su interior.

Había elegido para esa noche unos pantalones tejanos negros y una camisa de manga larga blanca, con los puños enrollados hasta sus codos.

Cuando llegó a la sala, Sakura, al verlo, estalló en carcajadas.

“¡Miraos! Si hasta vais conjuntados... ¡qué guapos se os ve juntos!”

Los comentarios de Sakura provocaron, una vez más, que Tomoyo se sonrojara. Touya, notando su incomodidad, intervino antes de que su hermana los avergonzara más.

“Creo que ya es hora de irnos... Tomoyo...”

Touya le ofreció su brazo, y bajo la atenta mirada de su hermana, la pareja abandonó la casa.

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19h20- Estación de trenes de Tomoeda

“Próximo tren: dirección Tokio”, resonó por toda la estación.

“Ese es nuestro tren”, dijo Touya, sentado en un banco junto a Tomoyo, esperando la llegada del tren.

“Así que nos vamos a Tokio... pero Tokio es muy grande... ¿dónde iremos?”

“Ya lo verás...”, contestó Touya, su tono de voz muy divertido a causa de la impaciencia y nerviosismo de su bella acompañante, mirándola fijamente.

Tomoyo se dio cuenta de que los ojos de Touya se habían pegado a los suyos... La llegada del tren interrumpió esa conexión, pero no evitó que, en los labios de los dos, se asomaran sinceras sonrisas.

Dentro del vagón, Tomoyo se apretó al cuerpo de Touya, pues el tren iba lleno de gente.

“¿Siempre eres tan protector, Touya?”, preguntó Tomoyo, subiendo su cabeza para mirarlo directamente.

“¿Por qué lo dices? No es ningún crimen que no quiera que ningún pervertido te meta mano en público...”

“Gracias, de todos modos... Aunque podría haber cogido el vagón exclusivo para mujeres...”

Durante más de diez minutos ninguno de los dos dijo nada. El viaje en el tren se estaba haciendo muy incómodo para ambos. La cercanía de sus cuerpos tampoco ayudaba.

Tomoyo, harta del silencio, le preguntó:

“¿Y cómo va el trabajo?”

Touya se sorprendió al oír su voz, pero rápidamente contestó:

“Muy bien... Hemos tenido ofertas muy buenas de muchas constructoras de renombre que han oído sobre nuestro trabajo... Además de algunos particulares que nos pagan fortunas por diseñar sus casas. A Yukito le emocionan estas últimas porque se ofrece para diseñar los interiores... Esta mañana he tenido una reunión con uno de los clientes particulares más ricos... y exigentes... Tendré que reunirme con él otra vez, seguramente antes de que termine la semana...” Touya terminó la explicación, para interrogarla a ella: “¿Y a ti cómo te van los estudios?”

“Me encantan... Lo que hago es tan apasionante... Mi madre intentó convencerme que no hacía falta que ingresara en la facultad para dedicarme al diseño... que podía darme un lugar de trabajo en el departamento de moda de la empresa al acabar el instituto... pero me gusta lo que hago... No quiero aprovecharme de las facilidades que me ofrece mi madre para hacerme un hueco en el mundillo... quiero hacerlo sola... por mis cualidades y no por mi nombre. Pero no he rechazado el puesto en la empresa... creo que será una buena forma de aprender...”

“Tienes razón...”, declaró Touya. Esta mujer lo sorprendía enormemente a cada palabra que decía. Era magnífica.

“Hace un par de semana entregué unos diseños a la jefa del departamento, ¿sabes?”

“¿En serio?”

“Sí...”, asintió. “Me dijo... me dijo que tenía mucho potencial...”

“Felicidades, Tomoyo... Eso está muy bien...”

“Gracias... También me dijo que quería que, cualquier cosa que dibujara, se lo enseñara. Estoy pensando en mostrarle todos los diseños que hice para tu hermana... mejorándolos, claro...”

“¿Tantos diseños le hiciste a mi hermana?”, preguntó Touya.

“Tengo cajas llenas de esbozos y de dibujos... todo lo tengo guardado...” Después de una pequeña pausa, prosiguió: “También tengo diseños para hombre... con Shaoran de modelo.” Los dos se rieron a tal comentario. Tomoyo lo miró fijamente: “Y debo confesar... que te tengo... a ti... de modelo para algunos otros...”

“¿A mí?, ¿Me has hecho modelo de tus diseños?” Ante el asentimiento de Tomoyo, Touya preguntó: “Lo más importante es... ¿salgo guapo?”

Las carcajadas de Tomoyo resonaron por el vagón lleno de gente. Con su barbilla recargada en el pecho de Touya, Tomoyo le dirigió una mirada llena de picardía.

“Mucho... Eres el modelo más guapo que he tenido nunca...”

Las mejillas arreboladas de Touya significaron un gran triunfo para Tomoyo.

“Te suplico que no se los presentes a tu jefa...”, comentó Touya. Los dos rieron.

Pocos minutos después, Touya le indicaba que debían apearse en la siguiente estación, Akabanebashi.

Cuando salieron de la estación, Touya cogió a Tomoyo de la mano y la llevó caminando por las calles repletas de gente de la ciudad. Cinco minutos más tarde, Tomoyo se encontraba en el Parque de Shiba, observando con asombro la Torre de Tokio, iluminada por cientos de luces.

“Es preciosa...”, suspiró. “Nunca la había visto tan de cerca... ni iluminada.” Se giró hacia Touya y continuó: “Sé que es una vergüenza no haber venido nunca antes... pero no he tenido la oportunidad... Siempre la he visto de lejos... y de día.”

“Pues esta noche estás de suerte... porque vamos a subir hasta arriba...”, murmuró.

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21h00

Desde lo más alto de la torre, en el mirador más alto de la ciudad, a doscientos cincuenta metros del suelo, Tomoyo oteaba el cielo oscuro, lleno de pequeños puntos relucientes. Miraba extasiada las luces de la ciudad, descubriendo las formas que éstas descubrían: los edificios más altos, los parques más extensos, las pequeñas casas...

De repente, su trance se vio interrumpido por Touya, quien se colocó muy cerca de ella, apoyando sus brazos en la barandilla.

“Es simplemente precioso... ¿verdad?”, le preguntó.

Tomoyo se quedó ensimismada con los ojos de Touya, brillando intensamente por las miles de luces que se reflejaban en la oscuridad de sus orbes.

“Sí...”

Aunque le hubiera gustado que Touya se refiriera a su propia belleza... y no a la de las luces de la ciudad.

Muy intrigada, Tomoyo le preguntó:

“¿Por qué me has traído aquí?”

“Es mi lugar favorito... Desde este lugar puedes ver todo Tokio, la bahía, Yokohama, Ueno, Shibuya... y en un día despejado se ve claramente el Monte Fuji...” Touya le iba indicando en que dirección estaba cada uno de los lugares que iba nombrando. “Además, conozco esta torre como la palma de mi mano... Hice un proyecto en la universidad sobre esta construcción. Tuve que venir aquí a pasarme días enteros y a desentrañar todos sus secretos, a encontrar todos sus recovecos... Fue una experiencia emocionante...”

“Me lo imagino...”, le dijo sonriendo al notar la mirada de satisfacción de Touya. “Cuéntame cosas sobre ella, Touya...” le suplicó.

“Bueno... pues la torre fue construida en 1958, como demostración del renacimiento económico de Japón, a partir de los materiales procedentes de barcos de la Segunda Guerra Mundial. Es una copia de la Torre Eiffel de París, que visité hace unos años, por cierto... aunque aquella es de color oscuro, no tan vistosa como esta, que está pintada de color rojo y blanco, una exigencia de las normas de seguridad en aviación... Los mismos colores que nuestra bandera... Mide 333 metros, trece más que la Torre de París, que mide 320, lo que la convierte en la torre de metal más alta del mundo... Y sólo pesa 4000 toneladas...”

“Sólo 4000 toneladas...”, se mofó Tomoyo. “No lo sabía...”

“La Torre Eiffel pesa casi tres veces más...”

“¡Vaya!... Ahora se entiende lo del ‘sólo’”, comentó, provocando una carcajada de Touya.

“Su principal función es la de antena: transmite catorce señales, nueve para televisión y cinco para radio, e incluso desde hace tres años, desde el 2003, transmite en digital. Pero la torre también es muy conocida por ser una atracción para el turismo... Los colores de la torre la hacen destacar por encima de las construcciones más sobrias, y de noche está iluminada por más de un centenar de focos... unos ciento setenta y tantos... ahora no lo recuerdo... La luz no es la misma durante todo el año: en invierno es anaranjada, pero en verano es blanca...”

“Como ahora...”

“Exacto.”

“Las puestas de sol desde aquí deben de ser maravillosas...”

“Lo son... he tenido la oportunidad de presenciarlas en un par de ocasiones... Es una pena... podríamos haber quedado antes para verla en toda su esplendor...”

“No me importa... He aprendido mucho... Ha sido fantástico...”

Touya la miró extasiado... De pronto, vio que un respingo recorría su esbelto cuerpo, y Tomoyo se abrazó a sí misma.

“¿Tienes frío, Tomoyo?”

“Un poco... Debe de ser la altura... Aunque soy muy friolera...”, confesó. “Deberías verme por las noches en invierno... me pongo mi pijama más gordo, mis calcetines de lana y me tapo con todas las mantas que tenga a mano, además de...”

Sus siguientes palabras no pudieron ser pronunciadas porque Touya la abrazó por la espalda, haciendo que el frío de su cuerpo se convirtiera, instantáneamente, en un ardor inapagable.

Tomoyo suspiró. La noche no podía haber sido más placentera...

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00h30

Caminaban por las calles de Tomoeda, los brazos de Touya seguían alrededor de sus hombros, de donde no se habían despegado desde que la envolviera con su cuerpo en lo alto de la torre. Había disfrutado como nunca.

Habían llegado a la verja de la Mansión Daidouji. Tomoyo la abrió sigilosamente, y le indicó a Touya que podía acompañarla. Caminaron lentamente por el precioso jardín que daba la bienvenida a los intrusos esa noche.

Ya en la puerta principal, Tomoyo la abrió y le preguntó si quería entrar a tomar algo:

“Mañana tengo que madrugar... sólo quería escoltarte hasta que estuvieras a salvo en tu casa. Pero mañana nos veremos, ¿no es así?”

“Así es...”

“¿A qué hora?”

“Te llamaré...”

La mirada de Tomoyo volvió a convertirse en el espejo de la picardía, y Touya sintió que unas alarmas pitaban en sus oídos... avisándole del peligro...

Y los ojos de Touya se desviaron a los labios de la joven, que un segundo después se posaban en su mejilla, apenas un roce. El calor le invadió el cuerpo.

Y, como Tomoyo había sentido aquella noche, de repente le entró el frío... cuando sus labios abandonaron su piel.

Notas de la autora: Primera cita de nuestra pareja favorita. La torre de Tokio ha sido una buena elección para una primera cita: las vistas de la ciudad, el frío que provoca el acercamiento de las parejas, los inocentes besos a la hora de despedirse...
Os quiero pedir disculpas por haber tardado tanto en subir este capítulo, pero estoy algo atareada con ‘Entre el amor y la venganza’. He recibido muchos reviews con la adaptación de la obra de Diana Palmer... y espero recibir muchos con esta historia.
Con esta historia he tenido que dedicarme a la investigación de la cultura y la geografía japonesa... deseo que el resultado sea de vuestro agrado. Hoy ha sido Tokio, pero su segunda cita será un poco más lejos... no mucho. Digamos que nos iremos de excursión.
Sin embargo, quiero que sepáis que, a pesar de tener toda la información y que el fic está completamente planeado, no está escrito, por lo que voy a tardar en subir los próximos capítulos. También quiero que tengáis en cuenta que pronto empiezo la universidad, por lo que el tiempo para dedicarme a esta maravillosa actividad llamada escritura creativa no la voy a poder llevar a cabo tanto como me gustaría. Pero no os preocupéis, porque durante esta última semana de vacaciones la voy a dedicar por entero a adelantar los siguientes capítulos...
Muchos besos a todos, y a ver si adivináis adónde Tomoyo va a llevar a Touya en su segunda cita... Recordad que Tomoyo es una mujer con una gran inventiva...
Hasta pronto,
Mery